Fecha: 2018-02-14

Lágrimas de amor


Cuando el pueblo se enteró de que Aarón había muerto, lo lloró treinta días (Números 20: 29). 

 Hoy es el Día de San Valentín. Adorables osos de peluche rojo, rosas rojas, todo rojo. Pocos detalles de la muerte van bien con el tema del amor en este día, pero la muerte puede enseñarnos mucho acerca del amor. ¿Podrías pensar en, tal vez, Cristo?

 La muerte de Aarón (Números 20: 22-29) fue un momento triste en la historia de Israel. Aarón fue la voz de Dios para los israelitas. Así fueron las cosas, al menos al principio de la travesía de Israel a través del desierto. Dios hablaba a Moisés, quien transmitía el mensaje a Aarón, y este luego a los israelitas.

 Los israelitas se habían acostumbrado a escuchar la voz de Aarón. Quizá les agradaba ese líder porque no tenían miedo de decir o hacer lo que ellos querían. Recuerda quién construyó un becerro de oro con las joyas del pueblo porque la gente quería un dios a su gusto. Sí, Aarón cometió graves errores.

 Pero Dios había elegido a Aarón, el hermano mayor de Moisés, a pesar de sus fallas, para hablar de parte de su hermano menor y lo que era más importante, servir como el líder espiritual de la nación. Dios amó a Aarón a pesar de Sus errores, pero eso no significó que dejara de sufrir por sus momentos de desobediencia.

 Uno de esos momentos ocurrió en un lugar llamado Meribá. Los israelitas estaban enojados porque Moisés y Aarón los habían guiado a un lugar donde no había comida ni agua. Cuando los hermanos preguntaron a Dios qué debían hacer, el Señor les dijo que reunieran a los israelitas frente a una enorme roca. «Toma la vara y reúne a la asamblea. En presencia de esta, tú y tu hermano le ordenarán a la roca que dé agua. Así harán que de ella brote agua» (Números 20:8). Al día siguiente, Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les había dicho, pero no obedecieron una orden crucial. En vez de hablarle a la piedra, la golpearon (vers. 11), y el agua salió a cántaros... e igualmente la furia de Dios.

 El castigo por ese error fue rápido. Ni Moisés ni Aarón llevarían a los hijos de Israel a la Tierra Prometida. Ambos eran líderes fuertes, ya quien mucho se le da, mucho se le exige. Dios debió llorar en Meribá.

 NO DEJES DE LEER

 Números 19-21

 ¿Qué otra tragedia había acontecido a la familia de Moisés? Números 21: 1-3.

Autor: Dwain Neilson Esmond | Libro: Un año en la Palabra

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