Fecha: 2017-12-08

Una conexión floja


Quien vive unido al Hijo, tiene la vida; quien no vive unido al Hijo de Dios, no tiene la vida, 1 Juan 5:12.

HE TENIDO LA IMPRESIÓN de que debo compartir un vívido sueño que me despertó esta mañana. Siempre he tenido sueños, generalmente sin importancia. Hasta hace algunos años, siempre podía recordarlos al despertar. Pero entonces empezaron a desaparecer tan pronto abría los ojos. Estoy envejeciendo, pensaba, y mi memoria ya no es la misma. Pero últimamente algunos sueños han sido muy claros y han dejado una impresión duradera. Anoche tuve uno de esos. En este, Jesús regresaba para llevar a casa a sus hijos fieles, pero no a mí.

En caso de que te preguntes por mi vida pecaminosa, quizás sea necesario ofrecer una explicación. He sido una feliz cristiana practicante por más de 50 años, la mayoría de ellos como esposa de pastor. Mi familia creció en la iglesia, se casó en la iglesia y trae a sus hijos a la iglesia. He estado siempre ocupada, haciendo malabares con mis responsabilidades familiares en medio de una variedad de actividades relacionadas con la iglesia. Pero este día estoy haciendo un serio examen interior, Jesús vino y no me llevó al hogar.

¿Acaso soy como el fariseo que subió al templo a orar y Dios no aceptó su oración debido a la suficiencia propia? Creo que no (por lo menos, no conscientemente), pero debo ir a las profundidades subconscientes de mi ser.

¿Soy como una de las vírgenes fatuas de Mateo 25? Podría ser, realmente podría ser. Ellas eran fieles miembros de la iglesia, esperando la venida de Jesús. Tenían sus lámparas (la Palabra de Dios) y estaban llenas de aceite (el Espíritu Santo) ya que alumbraban y lo quemaban. ¿Qué salió mal? El tiempo pasaba y el suministro de aceite se acabó. Cuando el momento crucial llegó, sus lámparas se apagaron. Para el momento cuando se dieron cuenta de su predicamento, era demasiado tarde para rectificarlo. Se cerró la puerta y ellas se quedaron afuera.

De acuerdo con nuestro versículo de hoy Jesús desea vivir, por la fe, en nuestros corazones, el poder para una vida victoriosa. No podemos darnos el lujo de tener una conexión floja.

«Querido Padre, estoy profundamente agradecida que esta mañana sacudiste a esta “virgen” para que estuviera despierta. Consérvame consciente, continuamente, de que una vida de servicio no tiene mérito por sí misma. Que debo estar firmemente conectada a ti, mediante tu Santo Espíritu.»

Revel Papaioannou

Autor: Ardis Stenbakken | Libro: Santuario

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